Leer en familia

Leer en familia *

Grassa Toro

Si alguna dificultad hay para la lectura en familia en este nuestro presente, no tiene que ver con el acto de leer, que es tarea, una vez aprendida, a la que le nacen alas de todos los tamaños y vuela, con rumbo o sin él, más allá incluso de nuestros confines personales.

Leer es tan fácil como caminar, como recoger agua en la cóncava palma de la mano y acercarla a nuestros labios, como estar vivo.

Siendo así y admitiendo que alguna dificultad pudiera haber para leer en familia, resulta evidente que ésta recaería sobre el segundo término del título en cuestión. Quiero decir que lo difícil es pertenecer a una familia.

Quedan pocas familias a nuestro alrededor.

No vayan a pensar que esta afirmación se suma al guirigay de quienes se niegan a reconocer como familia los nuevos (o no tan nuevos) modelos que incluyen casi todas las posibilidades de la combinatoria.

Me refiero a otra escasez de familias, lo que me obliga a definir qué entiendo por familia alejado de denominaciones más o menos administrativas.

Familia son unos cuantos seres humanos que viven juntos durante un largo periodo de tiempo.

Algunos de esos seres humanos decidieron en su día vivir juntos, otros no lo decidieron. Hay la misma cantidad de libertad en la decisión y en la obligación. Dicho de otra manera, quienes se juntaron y quienes se sumaron a los primeros por ocasión de descendencia cumplieron con su destino. (Nota: el destino no precede, es siempre posterior, lo que no exime de cumplirlo).

El mínimo de personas para que se dé familia es de dos, a condición de que entre las dos medie una diferencia de edad sustantiva.
Una pareja de enamorados, incluso de recién casados, nacida en la misma década, no es familia.

El máximo de personas que admite una familia es ilimitado. Metáforas religiosas y políticas nombran a la familia universal.

Coinciden en la familia tiempos de vida distintos, siendo los reconocibles el de la niñez, el de la edad adulta y el de la vejez. Las transiciones entre un tiempo y otro sean naturales o administrativas, tales como la adolescencia y la jubilación, quizás no puedan considerarse tiempos, del mismo modo que los túneles que comunican dos valles por vía férrea no pertenecen al paisaje.

Los distintos tiempos de vida se viven al mismo tiempo.

Cuando decimos que los miembros de una familia viven juntos decimos que en un mismo espacio que venimos llamando casa se juntan para comer, dormir, jugar, hablar, callar, abrazarse, enfadarse, requerirse, llorar, reír, cantar, temer, olvidar, inquirir, demandar, imaginar, beber, recordar, enfermar, morir, nacer.

También se juntan para alejarse de ese espacio y para regresar a él.
Estas dos últimas acciones se presentan con formas bien distintas: el paseo, el viaje, la emigración, el exilio y la muerte, no siendo siempre posible el regreso.

Una familia es una familia donde esté; paisaje y objetos no son atributos.

Quien dice persona dice, con poco más esfuerzo, personaje. En las familias cada persona puede desempeñar el papel de uno o varios personajes, ahí están hijo, madre, abuela, que fueron hija y madre, hija de otra madre, y que serán padre y abuela y abuelo de otra hija que será madre… Añadamos tío, tía, sobrino, sobrina, primo, prima…
Y no sólo eso, personajes de carácter: el cómico, el gruñón, el avaro, el acudiente, el terco, el generoso, el valiente, el sabio, el aventurero, el cobarde.
(Valen todos los femeninos)

En una familia siempre falta alguien, siempre alguien se fue y no vino, quizás ni siquiera estuvo, no llegó nunca: la niña que no nació, el amante que no acudió a los brazos de la amada. Ese personaje es el ausente.

En una familia siempre falta algo: un mantel limpio, una mesa, un pedazo de pan, las ganas de comer. La familia es un lugar privilegiado para el deseo; no porque desee muchas cosas, al contrario, una familia desea poco, pero lo desea intensamente, éste es el privilegio.

En una familia siempre hay algo escondido; unas cuartillas en un cajón, una trenza de cabello en un armario, una fotografía entre las sábanas que ya no se usan, un anillo entre los tarros de la cocina, un secreto en el alma.

En una familia alguien sabe hacer algo y sabe hacerlo bien, conoce un oficio. Y quienes no saben hacer algo quieren saber hacer algo y no descansan hasta que saben hacerlo.

En una familia es fácil matar a alguien, puede que resulte incluso más fácil que matar a otra persona que no sea de la familia.
En una familia es fácil sembrar el miedo, acariciar la envidia, regar la maledicencia, cultivar el rencor, abonar las bajas pasiones, recoger los frutos amargos, tareas todas ellas de demonio disfrazado de hortelano; en una familia es fácil volver la vida un infierno siempre en flor. Incendiada.

Cuando todo esto, y algo que se nos viene olvidando, sucede, pensamos que la familia se parece mucho a la literatura. Obviamente el parecido se da; en sentido opuesto: es la literatura la que se parece a la familia.

Es la literatura la que ha nacido para que esa familia tenga un modo de representación digno, profundo, bello, donde pueda verse reflejada y encuentre la posibilidad de entenderse a sí misma y la posibilidad de otorgar algún sentido a la siempre extraña circunstancia de estar todavía vivos.

La familia acude a la literatura porque no le queda más remedio; lee, canta, actúa, recita o cuenta, que todas son formas de lo literario, como si anduviera, como si comiera, como si amara, porque no puede no hacerlo. Negarse a ello sería negarse a sí misma, camino de negación que ha abierto el último capitalismo conocido, que ha sido capaz de llenar el mundo de libros y arrebatarnos el tiempo y el ánimo para leerlos en la soledad acompañada de una (o varias) familias. El capitalismo sueña un mundo sin familias.

Sí, leer es fácil. Vivir es algo más difícil.

*Una primera versión de este texto fue leída en voz alta en la mesa redonda “La familia y el hábito lector” con motivo de la 2ª Feria del libro infantil y juvenil de Zaragoza, celebrada los días 1 y 2 de abril de 2006. Publicarlo por primera vez en marzo de 2020 sirve para que lo que fue certeza se convierta en interrogante.

La CALA: lugares comunes.

La CALA: lugares comunes.

Grassa Toro

Tienen mala fama, los despreciamos o los rechazamos, sobre todo cuando es el otro quien los utiliza, quien intenta argumentar con ellos; son los lugares comunes, también los llamamos tópicos.

Sin embargo, parece ser que los necesitamos, que nos ayudan a organizar nuestra visión del mundo. Son útiles, por eso permanecen vivos, algunos siguen siendo los mismos desde la antigüedad clásica.

Sirven para comunicarnos, nos permiten resolver eso que Roland Barthes (“La retórica antigua”) calificaba como la angustiante pregunta: “¿qué decir?”.

Disponer de un lugar común siempre ayuda a avanzar en la conversación, y mucho más en el discurso; curas, abogados, políticos y publicistas lo saben mejor que nadie. Alabar las bondades de lo que perdura contra viento y marea o sacar a relucir el lugar común opuesto: alabar las bondades de lo que cambia, siguen siendo dos argumentos de peso y nadie se espanta de que los dos alcancen semejante intensidad argumentativa diciendo, como dicen, lo contrario, porque en realidad no están diciendo mucho mientras no expliquen a quien escucha o lee qué hay que conservar o qué hay que cambiar.

 

En La CALA durante catorce años hemos escuchado elogiar la paz de la vida en el campo, en este campo; la bondad de los espacios y los tiempos que propician el encuentro entre personas, refiriéndose a nuestras convocatorias públicas; la belleza inherente a las obras de arte que se exponen en nuestra sala; y la sabiduría que proporciona la enorme cantidad de libros de nuestra biblioteca.

Son tópicos, algunos tan antiguos como el “locus amoenus”, ese lugar necesariamente situado en la naturaleza y en el que la conjunción de todas o parte de las virtudes que acabamos de enumerar hacen que la vida sea placentera. (Al hilo de la importancia de la identificación entre placer y naturaleza anotaremos que entre las metáforas más frecuentes con las que se denomina a La CALA aparecen: oasis, isla, paraíso).

¿Quién puede negar que en La CALA confluyen paz, belleza, bondad y sabiduría? Yo no me atrevería a hacerlo; pero, siguiendo el consejo de Perelman y Olbrechts-Tyteca (Tratado de la argumentación), le pediría a quien expusiera semejante argumento que intentara explicar cada uno de esos lugares comunes. Porque las preguntas nos siguen interrogando, que es lo suyo: ¿qué quieren decir paz, bondad, belleza y sabiduría? ¿Esos conceptos están indisolublemente unidos a los espacios, acciones u objetos a los que se les atribuyen? Concreto la pregunta: ¿vivir en el mundo rural asegura la paz? ¿Cualquier obra de arte es bella? ¿Los encuentros sociales nos hacen siempre mejores personas? ¿Todos los libros trasmiten sabiduría? Las respuestas son negativas, y son negativas porque las preguntas interrogan sobre totalidades, el problema es “siempre”, “todos”, “cualquiera”, el problema es esta dificultad del lugar común por diferenciar, esta incapacidad para aislar el caso único es la que impide un pensamiento crítico.

El lugar común no puede decir nada acerca de la realidad porque la precede, él ya estaba ahí cuando apareció tal o cual realidad, y obliga a esta a acomodarse a su argumentación: si la vida en el campo es tranquila, en La CALA tiene que respirarse tranquilidad; si los libros son fuente de saber y la cantidad es un valor positivo (más es mejor), la biblioteca de La CALA tiene que proporcionar abundante sabiduría.

¿Por qué preferimos una realidad pre-fabricada a la que se construye o se destruye delante de nuestras narices?

Los lugares comunes expresan valores, positivos o negativos; los valores forman parte de la ética; la ética es la manera que tenemos de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Los lugares comunes intentan, mediante la persuasión del discurso, imponer una ética. Otro error, el segundo: la ética debería ser fruto de una relación dialéctica que evite cualquier imposición.

Donde hay imposición hay alguien que impone, hay ejercicio de poder. ¿Quién decidió que la vida en la naturaleza era fuente de paz, los señores o los esclavos? ¿Quién convenció a sus semejantes de que la sabiduría se encerraba en los libros, los autores, los lectores o los editores? ¿Quién obligó al arte a ser bello, los artistas, los reyes, el clero, la burguesía?

La paradoja de los lugares comunes que le sirven a los visitantes de La CALA para llevar a cabo algo parecido a una defensa de esta casa es que están dejando de ser comunes.

 

Los discursos, abundantes, que hoy se refieren a actividades culturales y artísticas desarrolladas en el mundo rural evitan hablar de paz, belleza, bondad y sabiduría; buscan otros lugares comunes o intentan crear algunos nuevos. Están de moda (entiéndase la expresión en términos estadísticos) las argumentaciones que valoran la resistencia y lo cooperativo-colaborativo-comunitario, conceptos regidos por el prefijo de compañía co-, reminiscencias de aquel lugar común triunfante en el siglo XX que se formuló como “el pueblo unido, jamás será vencido”. También acuden al discurso laudatorio otros prefijos que llegan a tener tanto o más significado que el sustantivo al que acompañan; trans- y eco- son ejemplos que permiten amplias declinaciones.

El primero, trans-, que significa “al otro lado”, remite al lugar común del “plus ultra”, y de sus corolarios: atravesar fronteras, sobrepasar los límites, viajar en sentido literal y, sobre todo, metafórico cuando, paradójicamente, lo que se pretende es resistir en el espacio en el que se habita.

Eco- precede del griego “oikos”, que definía un modelo de organización familiar y social complejo, autárquico, y que podemos traducir generosamente como casa. La aparición en 1869 del término ecología y el desplazamiento de significado desde casa a planeta, permiten hoy hacer un uso generoso de este prefijo.

Trans- y eco- son actualizaciones de global y local, que sintetizan en glocal, término que se puso de moda a principios de este siglo. Este es el nuevo lugar común: lo glocal es bueno, dice el lugar de lugares, y tiene muchas posibilidades de perdurar porque abarca todo: otra vez la ausencia de diferenciación, el desprecio al caso único.

El caso único no está bien visto; sin embargo, quizás mereciera la pena dedicarles tiempo uno a uno, a todos los casos únicos, que son todos, que somos todos, sabiendo de antemano que la tarea no tiene fin. ¿No es así como funciona el conocimiento? Además, quizás plantear algo inalcanzable nos evitara estar pendientes del éxito de la labor acometida y por tanto renunciar con alegría a esa otra retórica necesidad de anteponer la respuesta (solución) a la identificación certera de la pregunta (problema).

Mientras tanto, lo inmediato es saber si estos prefijos co-, trans-, eco- sirven, a quién le sirven y para qué. Y empezar a pensar cuáles serán los siguientes lugares comunes, si aparecerán nuevos o se recuperarán algunos en desuso.

 

El pensamiento y la creación exigen el alejamiento de los lugares comunes.

Para alejarse de los lugares comunes hay que saber dónde están, reconocerlos debajo de todas sus representaciones verbales, visuales, sonoras, incluidas la del discurso aparentemente subversivo; hay que escuchar y escucharse, los demás los están utilizando ahora mismo, nosotros también.

En La CALA llevamos tiempo intentando desentrañar los abusos de la retórica, los espacios donde aparece, los discursos que la explotan, los autores que se sirven de ella. En eso estamos, este año ha sido esta propia casa la que se ha puesto frente al espejo. Este texto es prueba de ello, hay otras: La CALA: Lugares comunes y Happening Serigráfico con Natalia Royo.


Inventario La CALA 2019 *

Inventario La CALA 2019 *

Grassa Toro

No lo hemos llamado memoria anual porque memoria tiene que ver con el pasado; hemos preferido la denominación de inventario, porque un inventario asienta los bienes que nos pertenecen, y todo lo hecho, lo vivido es hoy nuestro presente, con esto contamos.

Durante 365 días hemos repetido: Poco miedo. Y hemos escuchado la frase en eco colectivo llegado desde cualquier rincón del mundo. Este año 2020, que está a punto de empezar, vamos a repetir, sin cansarnos, que Tenemos tiempo.

Gracias a los artistas, investigadores, pensadores que habéis confiado en La CALA para llevar adelante alguno de vuestros proyectos o colaborar con los nuestros.
Gracias a las 1631 personas que nos habéis acompañado físicamente en Chodes, Valencia, Murcia, Madrid, Zaragoza, Andorra La Vella, Sariñena, Fuendetodos, y Morata de Jalón.
Gracias a quienes nos habéis seguido en las redes sociales.

NOVIEMBRE

1
_Exposición: Breve diccionario enciclopédico ilustrado y ampliado de mi cáncer. Josune Urrutia.

12
_Conferencia: El cartel de compromiso social. Fundación Mainel. Valencia.
Grassa Toro.

15
_ Presentación libro: Todo lo que sucede, método rápido y visual de iniciación a lo maravilloso. Centro Puertas de Castilla. Murcia.
Diego Lizán, María Moya y Grassa Toro.

16
_ Presentación libro: Todo lo que sucede, método rápido y visual de iniciación a lo maravilloso. Librería Estudio 64. Valencia.
Diego Lizán, María Moya y Grassa Toro.

23
_Presentación libro: La fabulosa historia de nuestra democracia. Congreso de los diputados. Madrid.
Grassa Toro.

 

DICIEMBRE

9
_Presentación de Biblioteca La CALA. Llibreria La Puça. Andorra la Vella.

 

ENERO

2
_ Casi lecciones 1: La nación nuestra de cada día. Identidades en la España contemporánea. La Particular. Zaragoza.
Alex Quiroga.

11 a 13
_Encuentro: Arte, literatura e infancia.
Laura Dauriac, de Atelier Pitchoun. (Francia).

13
_Exposición: Todo lo que sucede entre el verde y el azul.
Diego Lizán y María Moya.

_Presentación libro: Todo lo que sucede, método rápido y visual de iniciación a lo maravilloso.
Diego Lizán, María Moya y Grassa Toro.

28
Conferencia: Cartel y denuncia. Colegio español María Moliner, Andorra la Vella.
Grassa Toro.

 

FEBRERO

13
_Casi lecciones 2: La música en nuestras entretelas. La Particular. Zaragoza.
Carmen Ángulo.

 

MARZO

30 y 31
_ Curso de escritura: Todo lo que podría suceder. Método lento y verbal de iniciación a lo maravilloso.
Grassa Toro.

 

ABRIL

3
_Casi lecciones 3: La historia descontada: aproximaciones al posmodernismo desde el siglo XXI. La Particular. Zaragoza.
David Adiego.

5
_Presentación: Biblioteca La CALA. Tertulia Miguel Porta. Sariñena.

6
_Encuentro: Iniciativas de poesía en el mundo rural. Festival Poetodos 2019. Fuendetodos.

9
_Investigación literaria / ensayo escénico: La muerte en el folclore.
Dead Puppet Orchestra.

21
_Exposición: Sin red. Modos de comunicación en la transición política española.

23
_Día del libro de Zaragoza. Exposición y venta de las publicaciones de La CALA.

25
_Encuentro: Agitación Slow. Arte y cultura en el mundo rural. Papelaries. Zaragoza.
David Giménez y Grassa Toro.

26
_Encuentro: Realidad y violencia.
Mariachiara Tirinzoni. (Italia).

 

MAYO

2
_Investigación: El exilio de Sariñena en Francia. 1939-1942.
Gemma Grau y Enrique Tabueña.

3 y 4
_Taller de escritura y serigrafía: ¡No! El cartel protesta. Tintaentera. Zaragoza.
Natalia Royo.

6
_Los caminos de la tarde: Música y poesía.
Las Traidoras / Dead Puppet Orchestra.

15
_Casi lecciones 4: Una visión del judaísmo. La Particular. Zaragoza
Mario Zareceansky.

19
_Los Caminos de la tarde: Narración oral.
Carolina Rueda. (Colombia).

24 y 25
_Taller de escritura y serigrafía: ¡No! El cartel protesta.
Natalia Royo y Estudio Errea Comunicación.

29 y 30
_Encuentro: Procesos de transición política en España y Colombia.
Gloria Carrasco y Jorge Buitrago. (Colombia).

 

JUNIO

1
_ Taller de encuadernación: Encuadernar la poesía.
Ductus.

2
_ Encuentro: Arte, naturaleza, memoria.
Juan Guardiola, María Luisa Grau Tello, Miguel Sbastida ,Lola Lasurt, Mari, Carmen García Mahedero, Beatriz Aísa y Natalia Escudero López.

7 y 8
_Taller de escritura y serigrafía: ¡No! El cartel protesta. Tintaentera. Zaragoza.
Natalia Royo.

9
_Los caminos de la tarde: Música y palabra.
Pedro Lópeh.

27
_Casi lecciones 5: Matemáticas, poesía y la tentación de una teoría de la gravedad cuántica. La Particular. Zaragoza.
Pablo Díaz.

 

JULIO

27
_ Proyección videográfica: El tercer acto.
Aitana Carrasco, Pep Carrió, Diego Fermín.

 

AGOSTO

10 y 11
_Producción: Mural. Casa Rural la Esperanza. Morata de Jalón.
La Particular.

11 a 15
_Encuentro: Proceso de paz y justicia en Colombia.
Adriana Romero. (Colombia).

31
_Los caminos de la tarde: Proyección del documental Bon cop de falç, fiesta y locura en las elecciones de Junio de 1977 en Barcelona.
Esteban Escobar.

 

SEPTIEMBRE

14
_Exposición: Lugares comunes: happening serigráfico.
Natalia Royo.

22 al 30
_Residencia Abierta: Gráfica y guerra civil española.
Claudia Rifaterra.

 

OCTUBRE

13 a 16
_Curso Cine-documento. Morata de Jalón.
Servetus Studio y Colegio Español María Moliner de Andorra La Vella.

17
_Casi lecciones 6. Frankestein de Mary Shelley. La Particular. Zaragoza.
Túa Blesa.

23 y 24
_Documentación: Javier Villafañe en España. Nancy Torres (Argentina).


Algunas cifras

42

actos

283

días de actividad

1631

participantes

121

entradas en fb

95

publicaciones en Instagram

10

entradas en el blog de lacala.es

700

fotografías publicadas

2

documentales

*
_El año de La CALA empieza un 1 de noviembre y termina un 31 de octubre.
_Salvo expresa indicación de lugar, los actos se han desarrollado en la sede de La CALA, en Chodes, España.


¿Qué guarda la abuela en el cajón de la cómoda?

¿Qué guarda la abuela en el cajón de la cómoda?

Primeras notas sobre el patrimonio cultural privado en el mundo rural

Grassa Toro

Acabamos de desmontar SIN RED. Modos de comunicación en la transición política española. La exposición recogía piezas que guardan algunas vecinas y vecinos de Chodes en sus casas. Ahora toca ordenar y devolvérselas.

A la Pili (me van a permitir que anteponga el artículo) le devolveremos las fotografías del encierro sindical en 1976, en una parroquia de un barrio obrero de Zaragoza; aparece en todas, rodeada por sus compañeros de la empresa textil y embarazada de su hija. Cuarenta y tres años después las nietas de la Pili, que son de Teruel, han visitado la exposición.

A la María Jesús le devolveremos la colección de la revista de historia contemporánea Ayer, cuya lectura tanto nos sirvió para conceptualizar algunos contenidos de la exposición. María Jesús es abuela y guarda en su casa una biblioteca especializada en historia que cuenta con cientos de volúmenes que arrancan en el S.XVII.

Al Fernando le devolveremos el ejemplar de la Constitución Española de 1978 firmado por Santiago Carrillo. Fernando tiene nietos en España y en Holanda.

Al Jesús le devolveremos los discos de Serrat, el libro sobre la primera época de ETA, y la colección de los primeros números de Interviu. Jesús tiene nietas y nietos en España y en Perú.

Al Alfredo le devolveremos los primeros números de Ajoblanco, Ozono, Bicicleta, Ecologista; una fotografía que hizo a sus compañeros de encierro en la siderúrgica en la que trabajaba en 1977, y el carné de la CNT en el que se le identificaba por un número y no por su nombre para no ponérselo demasiado fácil a la policía. Alfredo es abuelo y desde antes de que lo fuera todo el mundo le llamaba abuelo.

Estas son algunas de las cosas que guardan nuestras vecinas y vecinos, que son gente del pueblo y que, salvo María Jesús, no han desempañado profesión o actividad que tuviera relación con la cultura o el arte. No hacemos el inventario de lo que aportó La CALA a la exposición porque sus fondos son mucho más públicos y conocidos, basta navegar por esta web.

Los discursos del poder político, institucional, académico, mediático quieren que los habitantes de la España rural seamos los guardianes de un patrimonio cultural privado que solo existe en el imaginario de quienes detentan ese poder, y nos animan a preservar herramientas antiguas que ya nadie fabrica, colchas tejidas por la tatarabuela, cántaros de barro que recuerdan nuestro pasado musulmán, y las primeras cajas metálicas en las que llegaban productos hasta las desaparecidas tiendas de ultramarinos. Desde esa fantasía a caballo entre el rastro, la tienda de antigüedades y el museo etnográfico nos invitan a guardar, rescatar, recuperar lo que ellos han decidido que nos es propio, específico, casi natural, en su torpe manera de entender el mundo, objetos de un pasado de escaparate, pura decoración.

Este vecindario de Chodes guarda todo esto, no tema el poder pérdidas irreparables, pero también guarda documentos de la transición política española (los que hoy empezaremos a devolver); artesanías de cualquier rincón del mundo; máquinas con las que se podría reconstruir una historia de la fotografía y el cine; obras de arte; miles de libros que abarcan desde la literatura universal hasta la descripción científica de plantas medicinales; instrumentos de música con y sin enchufe; otros miles de fotografías y diapositivas analógicas. Podría seguir.

Sí, guardamos todo esto y el poder no lo sabe y, lo que puede sorprender, parece que no tiene ganas de saberlo. Quizás porque en su confusión haya concluido que hay dos clases de patrimonio cultural privado, el de la ciudad y el del campo, y a nosotros nos ha encomendado preservar el botijo y la plancha de hierro.

En Chodes dormimos todas las noches del año alrededor de sesenta personas (el padrón duplica esa cifra). Nosotros hoy devolveremos lo que nos prestaron para la exposición cuatro casas, que suman seis habitantes. Mis vecinas y vecinos, estas abuelas y abuelos guardan todo este patrimonio porque es parte de su vida y porque en los pueblos todavía hay cultura de guardar, y espacios físicos donde poder hacerlo.

No creo que Chodes sea una excepción. Los pueblos de este país tienen que estar llenos de un patrimonio cultural privado que el poder desconoce, sino es que desprecia.

En cualquier caso, estas líneas no van dirigidas a los inventores de un mundo rural que no existe, sino a todas y todos los que estamos viviendo fuera de la ciudad de otra manera, y utilizo esta expresión tan indeterminada para que en “otra manera” quepan todas las posibilidades. Trato de reconocerme en ellas y en ellos, mientras espero que quienes toman decisiones importantes sobre nuestras vidas den un primer paso real para conocernos.


Cine tropical

Cine Tropical: con limones, limonada

Grassa Toro

La noche del 27 de julio de 2019 se proyectó en La CALA la integral de EL TERCER ACTO, un proyecto de Aitana Carrasco, Pep Carrió, Diego Fermín y Grassa Toro. En los créditos finales aparecía esta mención: El Tercer Acto se adhiere a los principios del Cine Tropical. Obvio.

 

 

El Experimento de verano de 2014 en La CALA se tituló Deprisa. Se trataba de hacer cine y, como en los anteriores Experimentos de verano, se trataba de hacer algo que no habíamos hecho y que no sabíamos si sabíamos hacer.

Los medios materiales con los que contábamos eran tres cámaras fotográficas con sistema de grabación de vídeo, tres ordenadores portátiles, una mesa de mezcla de sonido, varios instrumentos de música, una casa donde albergarse y trabajar.

Los participantes, tres artistas plásticos, un fotógrafo y un escritor, decidimos en modo asambleario iniciar la filmación sin guion previo y sin diferenciar los roles habituales en una producción cinematográfica (dirección, actores, música, iluminación, etc.). Era verano, era de noche.

La estrategia a seguir era ponerse a caminar e ir tomando decisiones conforme los cuerpos de los cinco se confrontaran con el paisaje y con objets-trouvés en el paseo. Todavía no habíamos leído a Robert Bresson respondiendo en una entrevista de 1967 con estas palabras: “Me obligo a inventar sobre la marcha, instantáneamente. Estoy en contra de ese sistema que consiste en preparar las cosas de antemano, con croquis, de hacer un plan preciso de lo que debe suceder en unos decorados construidos por un decorador. Espero lo inesperado, busco la sorpresa.”

Cumplimos con nuestra bressoniana decisión. Cinco días después estaba filmado, editado y sonorizado Un Jonás, corto de 3’48’’ de duración.

Sin pausa, se inició el rodaje de Un gran pez, Stop Motion de 2’40’’ en el que únicamente se utilizaron cartones y basura. Las diferencias con el precedente eran: el uso del color, la desaparición de seres humanos, el rodaje en plató y haber partido de un mínimo guion literario.

Rodajes de Un Jonás y Un gran pez.

Durante los días de ese tercer Experimento de verano empezamos a hablar de cine tropical, lo hacíamos en tono festivo, para que la paradoja nos consolara de la aridez de la tierra que pisábamos cada día, el paisaje de Chodes que da la espalda a la vega.

En 2015 iniciamos un nuevo proyecto cinematográfico, titulado Cuando doblo. En su inicio: dar forma a una antología de sueños propios recopilada por una de las participantes. La idea era producir un corto por sueño, sin fijar de antemano el número de cortos. El equipo estaba formado esta vez por dos fotógrafos, dos artistas plásticos y un escritor.

Durante la realización de los primeros cortos de la serie, que llegaría a contar con dieciséis volvió a aparecer el nombre, ahora con alguna mayúscula: Cine Tropical. Esta vez nos atrevimos a dotarle de significado, la forma elegida para hacerlo fue la de manifiesto, tenía un solo punto: “Con limones, limonada”. Lo hicimos público el 31 de diciembre de 2015.

Rodajes de Cuando doblo.

Deprisa y Cuando doblo se hicieron con los limones que teníamos a mano, con nada más. Hacer cine con lo que hay delante en el preciso momento en el que uno decide hacer cine no es una alineación en las filas del Arte povera, ni un ejercicio de resignación, ni un juego más o menos Dadá; es, antes que nada, un ejercicio de percepción, el necesario para responder a la pregunta ¿qué tengo? Puede parecer que la pregunta y el ejercicio se caen por su propio peso, pero basta recordar las veces que hemos respondido “nada”, y había limones; y las veces que hemos respondido “limones” y eran naranjas.

Identificado lo que tenemos a nuestro alcance, la siguiente pregunta es qué se puede hacer con ello.
El tercer paso es una cadena que empieza por uno de estos dos eslabones que se repiten en bucle: hacerlo-aprender a hacerlo-hacerlo-aprender a hacerlo…

Para Cuando doblo el inventario de limones daba lo siguiente: cinco personas, varias cámaras fotográficas con opción de vídeo, dos micros externos, cuatro ordenadores portátiles, dos trípodes, abundante vestuario femenino, un centenar de sueños redactados por Aitana Carrasco, una barra de pintalabios rojo, el mundo entero como plató, tiempo.

Con eso se podía dar el segundo paso, decidir qué se puede hacer, decidimos hacer cine. ¿Qué es el cine? Una obra de arte que se construye con imágenes en movimiento y sonido. Quizás la mayoría social no exija la primera parte de la definición, el que sea una obra de arte, nosotros sí. En la definición no aparecen términos relacionados con la producción, distribución, exhibición, de la misma manera que cuando se define la pintura no se hace alusión a su coste o al espacio físico que acabará ocupando.

Lo hicimos, este es el tercer paso: aprendimos, hicimos, aprendimos, hicimos.

Pudimos hacerlo porque las nuevas tecnologías digitales, permiten el presagio que formulara Bresson en 1963: “Creo en el porvenir de las películas hechas al margen de la producción oficial, con cámaras y magnetófonos poco costosos, y alejadas de los terriblemente contagiosos estudios”.

Hacer cine ya no es una cuestión de dinero. Ni de falta de dinero.

El Cine Tropical puede ser barato o caro, disponer de recursos mínimos o poner en marcha maquinarías de producción millonarias: el manifiesto permanecerá imperturbable ante las más variadas realidades: “Con limones, limonada”.

Lo importante del Movimiento es que la obviedad en la que se fundamenta: “casi todo el mundo puede hacer cine” (y digo casi todo el mundo para no caer en un eurocentrismo de suplemento dominical), libera deseos encarcelados entre los barrotes de un imaginario, hasta hace poco bastante real, que ponía como premisa para la acción condiciones económicas inalcanzables para la mayoría.

Ya no; los deseos pueden hacerse realidad, hacer es el verbo clave. ¿Quién no tiene limones, una cámara, un ordenador, una idea y una amiga, incluso dos amigas?

José Luis Guerín, dando vueltas a este asunto antes que nosotros, habla de una nueva ética de la producción y nos obliga a pensar en un concepto amplío de la economía, que tiene que ver, por qué no decirlo, con un concepto también amplío de la ecología.

Es este cambio de paradigma, este dejar atrás producciones donde primaba el resultado industrial capaz (o no) de generar beneficios a partir de unos costes enormes, este nuevo entender el cine y entendernos a nosotros mismos lo que nos va a permitir cosas tan interesantes como estas: filmar en espacios naturales o arquitectónicos que no sufren modificación alguna; utilizar la luz y los cambios de luz del propio espacio de filmación; realizar sesiones de filmación alejadas en el tiempo; reducir la separación de roles hasta quedarnos en algo parecido a una autoría (individual o compartida); decidir la duración de cada película sin condicionantes de exhibición comercial; actuar sin la obligación de ser actores; o reducir el maquillaje a una barra de labios.

Au revoir, industria. Salut, arte.

El Cine Tropical ya estaba inventado, fue lo primero que se inventó: el cine de los inicios del cine era Cine Tropical.

En La CALA la denominación y el manifiesto nos animaron y nos siguen animando a la acción, que no es poco; y es la acción, filmar, lo que nos permite pensar sobre las posibilidades del cine como acto de creación y específicamente como acto de creación artística, que es lo propio de esta casa.

Títulos, fechas, nombres de los creadores, y películas relacionadas con el Cine Tropical pueden consultarse en lacala.es/cine-tropical/

 


El día en que me enteré por Interviu de que Fraga Iribarne no era marica. (SIN RED)

El día en que me enteré por Interviu de que Fraga Iribarne no era marica

Grassa Toro

Propongo un experimento sencillo para el que conviene evitar cualquier preámbulo. Imagine que sobre una mesa cercana hay unos cuantos ejemplares de la revista Interviu, fechados entre octubre de 1976 y junio de 1977, cuando la cabecera todavía no se escribía con tilde, y usted se decide a abrirlos.

Es probable que la vista se le vaya hacia algunos destacados mientras pasa las hojas, o quizás, identificado algún contenido en portada, va directamente a buscarlo y a leerlo con detenimiento. El caso es que, aún sin dedicar mucho tiempo y esfuerzo, es posible que acabe leyendo frases como estás que copio aquí, anotando el nº, la fecha de la publicación y la ocupación de cada uno de los entrevistados en ese momento.

“En mi casa manda mi mujer, como es lógico, porque yo no soy marica. En mi casa mandó mi madre. En todas las familias decentes manda la mujer”. (22, octubre 1976). Dice la frase Manuel Fraga Iribarne, exministro de Franco, fundador de Alianza Popular.
“No creo en la igualdad de los hombres, puesto que unos son geniales y otros subnormales; unos enfermizos y otros robustos”. (26, noviembre 1976) Dice Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, exministro de Franco, fundador de Alianza Popular.

“El Parlamento es un elemento fundamental. A partir de él, con una participación masiva de la población en la lucha por el socialismo -una participación no violenta ni antidemocrática-, se puede llegar a la sociedad sin clases”. (30, diciembre 76) Dice López Raimundo, Secretario General del Partido Comunista de Cataluña.

“Entré en ETA porque para muchos jóvenes vascos fue en aquellos sesenta la única manera de oponernos a la situación injusta que reinaba. Todo lo que era vasco estaba de algún modo prohibido, reprimido. Nuestra lengua, nuestras tradiciones, nuestra cultura estaban discriminadas”. (30, diciembre 1976). Dice José María Eskubi, exdirigente de ETA.

 

Esto es lo que leían, miles, centenas de miles de españoles y españolas en su casa, en el casino del pueblo, en el bar y en la peluquería mientras esperaban su turno, o ya con el pelo cortado.

Sigamos leyendo.

“Frente al término “integración”, que era el que tradicionalmente se usaba, nosotros propusimos el de “asimilación”, lo hicimos porque entendíamos que no debíamos aspirar a una incorporación pasiva carente de protagonismo, de la gente que venía de afuera. Integración en una comunidad que lleva diez siglos existiendo, que tiene sus derechos, y que aunque esté abierta no debe quedar dislocada, desvertebrada, destruida por un hecho social inmigratorio”. (33, diciembre 1976). Dice Jordi Pujol, banquero y líder de Convergencia Democrática de Catalunya.

“El divorcio me parece una aberración.” (34, enero 1977) Dice Laureano López Rodó, exministro de Franco, diputado por Convivencia catalana, en las primeras Cortes democráticas.

“Se está poniendo en marcha una estrategia de confusión mediante atentados que justifiquen, en su momento, un golpe de Estado o bien, como sucede ahora, la represión de militantes de izquierda.” (39, febrero 1977). Dice Sebastián Puigcerver, del comité de Catalunya de la CNT.

“Somos una nación; siempre hemos pactado con el Estado español y siempre nos hemos puesto de acuerdo. ¿Por qué no lo vamos a conseguir ahora?:” (42, marzo 1977). Dice Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Catalunya en el exilio.

Franco había muerto el 20 de noviembre de 1975; el referéndum para poner en marcha la reforma política obtuvo mayoría afirmativa en diciembre de 1976; las primeras elecciones generales democráticas se celebraron el 15 de junio de 1977. Todo lo que usted acaba de leer se publicó en un momento de la historia de España en el que ya no existía nominalmente una dictadura y todavía no existía una democracia.

Seguimos.

“La lucha armada, en lo que al partido se refiere, está decidida desde el primer día. En la línea política del partido está escrito que la violencia revolucionaria, la lucha armada y la guerra popular, era el único medio para derrotar al capitalismo y a la dictadura franquista en aquella época, y para implantar un régimen de democracia popular y de socialismo:” (40, febrero, 1977). Dice Elena Odena, nombre en la clandestinidad de la Secretaria General del PC (m-l) y del FRAP.

“Yo creo que Franco poseía lo que llamaríamos un complejo de castración.” (42, marzo 1977). Dice Carlos Castilla del Pino, psicoanalista, militante del partido comunista de España.

“20 de octubre de 1976. Hace un rato, mientras leía el último número de Vindicación, en el que entrevistan a varias mujeres familiares de presos políticos (por cierto, por qué no entrevistan a hombres familiares de presos políticos?), ha entrado en la celda X, ha mirado la revista y ha preguntado: “¿es feminista?”; “sí”, le he dicho y ha contestado marchándose: “la hemos jodido?”. Por fortuna para él, Lidia Falcón no andaba por aquí:” (45, marzo 1977). Dice Manuel Chivite, militante del FRAP y del PC (m-l) en su diario desde la cárcel.

“En estos momentos estamos viendo que para hacer unas elecciones hace falta muchísimo dinero, que hay que pedirlo… Y es lógico que al pedirlo… en fin, el que parte y reparte se queda con una parte. Y eso cada dos años, porque prácticamente hay elecciones cada dos años y da lugar a unas quiebras, a unas ataduras y a unos compromisos impresionantes.” (47, abril 1977). Dice Alfredo Sánchez Bella, exministro de Franco, miembro del Opus Dei.

 

He elegido para esta selección voces vivas que se expresaban en entrevistas (interviús, con tilde); pero si usted tuviera a mano los ejemplare que me acompañan mientras escribo estas líneas, podría seguir leyendo acerca de temas tan dispares como: los safaris sexuales por África; la batalla entre el socialismo de Tierno Galván y el de Felipe González; el aborto; las cárceles; la vida de Landrú, famoso asesino francés del principio del siglo XX; el divorcio; la China después de Mao; la corrupción inmobiliaria; las dictaduras de Latinoamérica; la escuela franquista; los bebés robados bajo la cobertura del Teléfono de la esperanza; los delirios de Idi Amin, etc.

Y también podría ver parcialmente o totalmente desnudas a: Janeth, Lenny, Sylvia Kristel, Maysa, Jacqueline Kennedy-Onassis, Silvia, Victoria Vera, Elsa Martinelli, Nadiuska, Marisa Mell, Susana Estrada, Ángela Molina, Marisol, Corinne, Françoise, Verónica Miriel, Bárbara Bouchet, Alicia Tomás, Christiana, Jay, Sydne Rome, Diana Polakov, Agata Lys, María José Cantudo, Yvonne Sentis, Dalila di Lazzaro, etc.

La revista apareció en los kioscos sin subtítulo, quizás porque resultara difícil definir en dos o tres palabras una publicación que se ocupaba de política, sucesos, sociedad y sexo. Si la combinación era inusitada, lo que la volvía definitivamente excepcional en la historia del periodismo español fue el hecho de presentar en portada e interior abundantes fotografías de mujeres desnudas.

En Interviu el lector encontraba entrevistas, reportajes, opinión y páginas de humor, un canon clásico para cualquier magazine. La diferencia no la marcaban los géneros, sino los contenidos, los que aparecían y los que no aparecían. Se escribía (o se hablaba) mucho de política nacional y de sus relaciones con el poder económico, se hacía con nombres y apellidos, señalando con un dedo que desvelaba y que podía llegar a acusar. La crónica social (que no de sociedad) se ocupaba de la vida de las clases oprimidas, marginadas, perseguidas: obreros, jornaleros, enfermos mentales, homosexuales, y apuntaba, todavía tímidamente, algunos temas que ocupaban monográficos en otras revistas de la época: ecología, feminismo, pacifismo, contracultura. En Interviu se hablaba poco o nada de arte, cultura y deporte.

Tampoco se ocupaba mucho de política internacional.

Imagino que costaba también identificar una línea política, ni siquiera ideológica, en una publicación en la que se expresaban en igualdad de condiciones personas que no solo discrepaban en sus ideas y en sus acciones, sino que en algunos temas se les podría adscribir al grupo de las víctimas o al de los verdugos; y en la que firmaban las páginas de opinión y humor, personas tan dispares como Manuel Vázquez Montalbán, Francisco Umbral, Adolfo Marsillach, Emilio Romero, Manuel Martín Ferrand, Julio Cebrián, Perich, Martín Morales, Forges. Esta amplitud tampoco era habitual.

Y para añadir argumentos a las diferencias con lo se que publicaba en aquel momento, tampoco tenía intención pedagógica. Interviu no quería que sus lectores fueran mejores personas, ni siquiera peores; quería hacer periodismo.

 

He leído por primera vez estas páginas pasados cuarenta años desde su publicación; anoto este dato para preservar los comentarios que voy a hacer a continuación de cualquier interpretación nostálgica.

Y es que leer ahora los primeros números de Interviu es emocionante. Emociona sentir que todo el mundo está diciendo lo que piensa, y no lo que cree que tiene que decir; emociona que es un ejercicio de comunicación como si no existiera la teoría de la comunicación. Interviu era una defensa (a tiros, diría Javier Errea) de la inocencia: todos sus protagonistas, desde la chica de portada, hasta el más feroz de los entrevistados, pasando por el columnista irreverente y el fotógrafo temerario, aparecían frente al lector exentos de culpa pasada por lo hecho, de culpa presente por lo que están diciendo o haciendo en ese momento y exentos de culpa futura por las repercusiones que pueda tener lo que dicen o hacen. Un estado semejante de inocencia trasmite algo muy parecido a la idea de libertad.

Además de emociones, leer hoy los primeros números de Interviu es acercarse a una gran fuente de información acerca de la historia política, social y económica reciente de este país; información útil, que ayuda a comprender nuestro presente quizás mejor que muchas de las informaciones que se nos ofrecen en directo. Sé que puede resultar extraño lo que estoy afirmando, y que los defensores de las “noticias de última hora”, quizás no estén de acuerdo. Solo puedo recomendar que, con algo de tiempo y la misma inocencia con la que se publicó Interviu, se acerquen a sus primeros números, seguro que encuentran más de una perla.

Yo las he encontrado, y es que si no fuera por Interviu, y por mi vecino Jesús, que guardó en un pueblo pequeño, en una caja grande, todos estos ejemplares que nos han servido para el experimento, no hubiera sabido nunca que Fraga no era marica, dato intrascendente donde los haya; pero tampoco hubiera conocido las ganas que tenía de contarlo en público a miles de lectores, y esta información sí explica algunas cosas de lo que estaba por llegar y llegó.

Esta entrada en el blog pertenece al proyecto expositivo Sin red. Modos de comunicación en la transición política española. Inauguración: 21 abril 2019.

 


SIN RED. Modos de comunicación en la transición política española.

SIN RED. Modos de comunicación en la transición política española

Grassa Toro

SIN RED, el espacio-tiempo de exposición que inaugura La CALA el 21 de abril de 2019, se sitúa temporalmente en una época que todavía sigue llamándose “transición española” o “transición política española”, cuyo inicio se sitúa en los alrededores de la muerte del dictador Franco (1975) y cuyo final, que puede variar según las interpretaciones, nosotros hemos decidido hacer coincidir con las elecciones generales de 1982, las primeras que gana un partido de izquierdas desde 1936.

El objeto de la exposición son los modos de comunicación y, aunque la palabra “modos” esté cercana a la palabra “medios”, reservamos para esta última su adscripción a lo que reconocemos como medios de comunicación de masas, organizados, regulados, objeto de mercado, etc. y nos quedamos con “modos” porque nos permite incluir manifestaciones de comunicación que no necesariamente eran masivas (incluso podrían ser minoritarias) y que, generalmente, se escapaban a los condicionantes que definen a los medios; es el caso de la asamblea, el recital, o la octavilla, por poner algún ejemplo.

Es una exposición documental, adjetivo que a lo único que obliga es a exhibir documentos (revistas, discos, fotografías, etc.). Del hecho de que sea documental no se deduce que sea histórica. La historia necesita documentos, pero creemos que la muestra de documentos no es suficiente para elaborar un relato histórico.
Una particularidad de la exposición es que las fuentes que han proporcionado los documentos que se exponen son vecinas y vecinos de un pequeño pueblo de Aragón, Chodes, cuyo censo en 2019 no sobrepasa los ciento cincuenta habitantes. La decisión de reducir las fuentes a un espacio mínimo quiere poner a prueba un concepto de patrimonio cultural que aprecia y saca a la luz objetos privados a los que se ha desprovisto de valor, por haberlos sometido a comparación con documentos que en el imaginario museístico se consideran canónicos por ser únicos: el manuscrito, la obra de arte, o por haberles asignado exclusivamente el papel de vehículo de la nostalgia, invitando a un disfrute puramente emocional y hurtando su primera y primordial significación: todos ellos son objetos de información y comunicación en terrenos tan dispares como la política, el diseño gráfico, la historia contemporánea, la reproducción sonora, la moral, el espacio urbano, el feminismo, el lenguaje, el sexo, las técnicas de impresión, las drogas, la educación, la censura, el poder.

El título de esta exposición tiene una interpretación literal y una metafórica.
Sin red, sin redes, sin posibilidades de comunicación digital. ¿Cómo era la comunicación pública pocos años antes de la aparición de lo digital? O la pregunta extendida: ¿Cómo era la comunicación pública pocos años antes de la aparición de lo digital mientras un cambio político afectaba a toda la población de un país? Algunos de los espectadores de esta exposición lo recordarán; otros, por razones de edad, lo desconocen.
Los mensajes se transmitían a través de la voz natural, manuscritos, impresos, registros sonoros, cine y televisión.
Eran orales: asambleas, mítines, recitales, manifestaciones callejeras.
Eran manuscritas: la pintada, la pancarta.
Estaban impresos: libros, diarios, revistas, carteles, calendarios, pegatinas, octavillas.
Los dos registros exclusivamente sonoros eran los discos de vinilo y las cintas de casete.
La televisión solo emitía a través de dos canales estatales.
El cine se veía en pantalla grande o en cintas magnéticas de Betamax y VHS.
Vale también hacer la lista de lo que no existía: internet, Facebook, Instagram, twitter, WhatsApp, Youtube, Spotify, etc.

El uso metafórico de la expresión SIN RED alude a las circunstancias de incertidumbre, indefensión, incluso de persecución en las que se distribuían estos mensajes: demandas judiciales, censura, amenazas, represalias. Periodistas, sindicalistas, cantautores, cineastas, dirigentes vecinales, editores, pueblo en general corrían peligros más o menos grandes por expresar y difundir informaciones y opiniones. Este hecho, esta falta de seguridad, de red, lejos de provocar desánimos y renuncias parece, visto desde nuestro presente, que fuera un acicate para seguir defendiendo la libertad de comunicación. Basta repasar qué se decía y qué lenguaje se utilizaba para descubrir qué mecanismos de resistencia pone en marcha la necesidad. Otra cosa distinta, y quizás ya quede fuera del contexto de esta exposición, es saber cómo, cuándo y por qué varía nuestro concepto de lo que es necesario.
La exposición se titula definitivamente SIN RED; concluimos este breve prólogo preguntándonos sobre el acierto del título y si no habría en aquella época una, otra red, tejida con materiales que hemos ido perdiendo por el camino, tejida con un arte camino del desuso. O si lo prefieren, concluimos preguntándonos por el propio concepto de red.

Esta entrada en el blog pertenece al proyecto expositivo SIN RED. Modos de comunicación en la transición política española.
Inauguración: 21 abril 2019.


EL POETA HUYE PARA SALVAR LA VIDA

EL POETA HUYE PARA SALVAR LA VIDA.
Collioure 1939. Les derniers jours d’Antonio Machado. Últimos días de Antonio Machado

Aquí hay libros.

Grassa Toro

 

Y muere en el intento.

Jacques Issorel publicó Collioure 1939. Les derniers jours d’Antonio Machado. Últimos días de Antonio Machado, en 1982. Llevaba años recogiendo testimonios, algunos de testigos todavía vivos, otros encontrados en publicaciones. El libro habla de lo que anuncia. Machado murió el 22 de febrero de 1939 en Collioure, donde había llegado unos días antes durante la retirada final de los republicanos españoles asediados por las tropas de Franco.

El texto central (hay además una antología poética de homenaje) ocupa escasas páginas y sin embargo, no necesita más para desvelar una historia desconocida por íntima y para situarla en un contexto de carácter universal.

Issorel actúa como hábil montador cinematográfico encadenando fragmentos de testimonios y desapareciendo tras las voces de los demás. Buena parte de los documentales actuales responden a este formato, pero conviene recordar que Collioure 1939 se publicó en 1982 y que es un libro impreso. Sorprendente.

No hay en el libro ni proclamas ideológicas ni análisis históricos ni siquiera crónica de la guerra civil. Todos son detalles cotidianos, casi imperceptibles, pero nada insignificantes; al contrario, todo significa en estas cuartillas: la pérdida del equipaje a la altura de la frontera con Francia; la pregunta de la madre agonizante de los Machado: “¿llegaremos pronto a Sevilla?”; las voces de Hitler en la radio del hotel en un segundo plano lejano y presente; la imposibilidad de escribir a las hijas de José, el hermano de Antonio, ya exiliadas en Rusia, porque ni los padres ni su tío tienen dinero para comprar sobres y sellos de correos; Corpus Barga facilitando un transporte para que los Machado no sigan caminando por los puertos de montaña helados del Pirineo; Navarro Tomás llegando con la carta del gobierno de la República que anuncia a Machado que el estado correrá con los gastos de su estancia en Francia.

Los últimos días de Machado fueron días importantes en la vida de otras personas, de su hermano, su cuñada, su madre, que lo sobrevivió solo tres días. También de ciudadanos que se encontraban con él por primera vez: Madame Quintana lo hospedó a él y a su familia en su pequeño hotel, cerca del mar; Juliette Figuères, la tendera, y Jacques Baills, el jefe de estación, se preocuparon de que todos los Machado tuvieran ropa, algún libro para leer, papel para escribir.

En Shoah, el documental de Lanzmann, un historiador del holocausto dice que cuando uno se plantea grandes preguntas, las respuestas suelen quedarse cortas, y por eso recomienda buscar el detalle, y colocar un detalle al lado del otro hasta tener la historia completa. Issorel recoge los detalles de esos días de febrero, y el lector no necesita mucho más para entender, si no sentir en la piel, qué es eso que todavía seguimos llamando exilio, pero que, en sus primeras horas, podríamos llamar expulsión.

Quien busque el libro en los estantes de la biblioteca La CALA no lo encontrará fácilmente y sin embargo, está aquí, guardado dentro de un archivador frágil de cartón en el que empieza a desdibujarse el rótulo escrito a mano: Antonio Machado.

Ahí dentro, además de este libro hay otros que tratan de la vida y obra del poeta y abundantes recortes periodísticos en francés y español relacionados con la celebración del 50 aniversario de la muerte del poeta. El archivador cumple treinta años.

En la biblioteca de La CALA, además de libros que hablan de Antonio Machado, hay algunos libros de Antonio Machado: sus poesías, su Juan de Mairena, su Complementarios, sus apuntes de clase. Están entre los libros de Valle-Inclán y los de Juan Ramón Jiménez.

 

AQUÍ HAY LIBROS es una sección de este blog dedicada a presentar libros que están al alcance de la mano en las estanterías de la biblioteca de La CALA.


CAMPOS URBANIZADOS Y CIUDADES RURIZADAS. César Cort Botí tenía un plan. (Aquí hay libros)

CAMPOS URBANIZADOS Y CIUDADES RURIZADAS.
César Cort Botí tenía un plan.

Aquí hay libros.

Grassa Toro


Acerca de las circunstancias que explican la llegada de libros hasta una biblioteca cabría establecer un inventario en el que abundaran las anécdotas de toda condición. En el caso de la biblioteca de La CALA hay un argumento que se repite con frecuencia, el de la necesidad: en un momento dado, en La CALA se llevan a cabo estudios o procesos de creación que requieren la presencia de nuevos libros. Volvió a ocurrir en junio de 2017 cuando se inició el proyecto Ciudadano César Cort, la creación de una exposición permanente para el Espacio Abierto Quinta de los Molinos. El ayuntamiento de Madrid pretendía con este encargo recuperar la memoria de uno de sus vecinos, César Cort Botí, arquitecto y urbanista que planteó en la década de los 30’ del siglo XX modelos de vida para la ciudad y el campo que hoy nos siguen pareciendo igual de recomendables, incluso igual de necesarios.

En la búsqueda de la documentación que necesitábamos llegó a esta biblioteca Campos urbanizados y ciudades rurizadas, libro editado en Madrid, en 1941, por la Federación de Urbanismo y de la Vivienda de la Hispanidad. El domicilio de la editorial, Plaza del Cordón, 1, era entonces el de Cort. La introducción del libro está fechada a 1 de marzo de 1937 en la legación de Noruega en Madrid donde según testimonio de familiares de César Cort Botí, este había buscado refugio huyendo de las tropas republicanas.

Campos urbanizados y ciudades rurizadas, con más de trescientas páginas y ciento treinta y cuatro ilustraciones es un libro técnico, práctico. Y es, al mismo tiempo, un estudio sociológico, un discurso político, un alegato ético en defensa de la honestidad. Algunas de las ideas de César Cort, desde la separación de residuos a la comarcalización de servicios en el mundo rural son hoy práctica habitual. Para otras, como contener el crecimiento de las grandes ciudades, es demasiado tarde.

Hoy sorprende la lucidez de César Cort, su capacidad de anticipación de problemas en la vida de ciudades y pueblos, que solo podían intuirse en aquel momento, y el acierto en muchas de las soluciones propuestas. Indigna que todo aquel conocimiento cayera en saco roto durante décadas, las que coinciden con la dictadura.

Junto a este volumen, llegaron otros impresos: La urbanización y el arte, Hablemos de Madrid, las Necrologías que le dedicaron sus compañeros de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; sirvieron estos y otros libros y documentos en formato digital para trazar algo parecido a un plano en el que situar las interrelaciones entre biografía, pensamiento y obra. Ese plano, punto de partida para el proyecto Ciudadano César Cort, tuvo como tantas otras veces la forma de un abecedario.


Ciudadano César Cort

Alcoi
Nació en Alcoi, en 1893. Allí vivió hasta los trece años. Alcoi había sido una ciudad próspera, estaba a punto de dejar de serlo.
La ciudad tenía en ese momento problemas de vivienda para sus vecinos y se llevaron a cabo proyectos urbanísticos de vanguardia.

Belleza
Desde niño encontró belleza en la arquitectura, en el trazado de las ciudades, en las obras de arte y también en las ovejas, los bueyes, los caballos, las mulas, los tulipanes, los pinos, los almendros. Fundó la editorial Plus Ultra, dedicada a libros de arte.

Ciudad
Defendía que las ciudades debían construirse para que la gente fuera feliz. Y que en cada barrio debían vivir mezcladas personas de toda condición económica. Ideó planes urbanísticos para Valladolid, Badajoz, La Coruña, Salamanca, Murcia, Burgos, Madrid, Ceuta, Montjuic.

Despoblación
Le preocupaba que los habitantes de los pueblos fueran a vivir a la ciudad por necesidad y el campo se quedara vacío. Su propuesta para que esto no sucediera tenía nombre: campos urbanizados.

Especulación
Se enfurecía, sí, se enfurecía contra la especulación inmobiliaria, el enriquecimiento rápido y fraudulento conseguido con la recalificación de terrenos, y las modificaciones arbitrarias de los planes urbanísticos.

Familia
La familia le parecía la mejor manera de vivir en sociedad. La familia cristiana, no entendía que pudiera haber otra.
Se casó dos veces, con una noble y con una criada. Tuvo cuatro hijos.

Göteborg
Y París, Roma, Londres… Viajó por Europa: Inglaterra, Francia, Portugal, Italia, Holanda, Suecia. Fueron viajes de aprendizaje, de negocios, políticos, muchas veces en calidad de presidente de la sección española de la Organización Internacional del Día Mundial del Urbanismo.
De vuelta traía semillas de flores para la Quinta de los Molinos.

Huerto
En las ciudades que imaginaba César Cort Botí los huertos estarían donde terminaran las últimas calles. Los vecinos podrían comprar productos naturales, de temporada, sin necesidad de transporte.

Idea
El ciudadano Cort tenía ideas para casi todo, para evacuar las aguas residuales, para ordenar el tráfico, para aprovechar los residuos, para conservar la vista del skyline de Madrid de principios de siglo, para regular el precio del pan, para mejorar la prensa escrita, para formar a los albañiles. Las defendía en público, con vehemencia. Casi nadie le hacía caso.

Jardín
Estaba seguro de que la solución para el aire limpio de las ciudades era llenarlas de parques, y de jardines, públicos, privados, de patios llenos de vegetación. Contra la idea de los “grandes pulmones de la ciudad”, concentrados en pocos sitios, prefería una distribución continua de espacios verdes, incluso construir “vías parques” peatonales que comunicaran núcleos de habitación.

Künstlerischen
Camilo Sitte fue un arquitecto austriaco que escribió Der Städtebau nach seinen künstlerischen Grundsätzen, (Construcción de ciudades según principios artísticos) La palabra  künstlerischen es la que se traduce por artístico. El libro fue muy importante para el urbanismo de principios de siglo XX en toda Europa.
César Cort inauguró en 1956 el curso académico del Instituto de España con un discurso titulado La urbanización y el arte.

Limpieza
No lo dudó nunca: la mejor manera de mantener limpia una ciudad era no ensuciarla. Como esto resultaba imposible, diseñó sistemas y herramientas para la limpieza de calles, plazas y parques: escobas, carros con cubos de doble depósito, contenedores de acera, camiones con volquete; pensó en cómo separar y aprovechar los residuos; pidió que se legislara para abandonar hábitos antiguos poco saludables.

Madrid
César Cort pasó la mayor parte de su vida en Madrid. Vivió en la calle General Arrando, en la Plaza del Cordón nº 1 y en La Quinta de los Molinos.
Fue un personaje público: concejal monárquico durante la Segunda República, catedrático en la Escuela Superior de Arquitectura, miembro de La Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Cuando murió en 1978, era propietario de una enorme cantidad de suelo en la zona norte de la ciudad. Allí había querido construir sus ciudades ideales. Solo alcanzó a levantar Las Mercedes.

No
Podríamos hacer una lista de las cosas a las que César Cort dijo No: a la ciudades de más de un millón de habitantes; a la pereza; a los aparcamientos de coches junto a las aceras; a la especulación; a las “casas baratas”; a los largos desplazamientos en vehículos privados o públicos por la ciudad; a las “ciudades dormitorio”; a los ayuntamientos que creían que los vecinos estaban a su servicio; a la ignorancia; a los “ensanches” salvajes de las ciudades; a la lucha de clases; al éxodo del campo a la ciudad; a la utilización del deporte como válvula de escape; al comunismo; a los rascacielos que no dejan pasar la luz del sol.

España
Siempre pensó que la reconstrucción de España tras la Guerra civil había sido una oportunidad perdida para reformar ciudades y pueblos donde se pudiera vivir mejor. Atribuyó el fracasó a constructores deshonestos, funcionarios incompetentes, y ayuntamientos sometidos al poder central.

Olvido
No está olvidado, pero tampoco se le recuerda mucho. Cuesta encontrar información veraz sobre su vida, sobre sus ideas que no esté en sus propios libros. La excepción: la tesis de María Cristina González: César Cort y la cultura urbanística de su tiempo. Desde julio de 2018, Espacio Abierto Quinta de los Molinos le dedica una exposición permanente.

Pueblo
Criticaba a los que iban al pueblo a cazar, a pasar unas horas el fin de semana, o a dar vueltas por las propiedades y regresaban a la ciudad opinando sobre todo. Si alguien quería conocer la vida de los pueblos debía pasar tiempo allí, juntarse con su gente, escucharlos, conocer sus problemas, sus dificultades.

Quinta
La Quinta de los Molinos fue su refugio, vivió durante décadas, en la Casa de arriba, luego en la Casa del Reloj, las dos construidas por él. Plantó árboles, arbustos, flores, el agua llegaba a cada rincón por un sistema de riego que ponían en marcha los molinos movidos por el viento. Él mismo cultivaba la tierra por las tardes, en compañía de algunos trabajadores. Tenía granja propia, piano de cola, lámparas de palacio y un vestidor con cientos de camisas; en la cochera guardaba el Cadillac negro.

Rural
Encontró una solución contra la despoblación del campo, permitir que sus habitantes disfrutaran de los mismos servicios que en la ciudad. Para ello deberían agruparse las aldeas y los pueblos pequeños en comarcas, y compartir el hospital, el servicio contra incendios, la casa de socorro, las escuelas profesionales, la biblioteca, el museo, el cine, el teatro. Todo debería situarse en sitios de fácil acceso para llegar con facilidad.

Separación
No cualquier separación: separación de residuos. Sus propuestas eran separar los residuos públicos de los domésticos. Y entre los domésticos, separar restos de alimentos, cenizas de carbón, polvo, trozos de vidrio y loza, botes y trapos. Separar para aprovechar todo lo que se pueda. Era el año 1937 y no se utilizaba todavía la palabra reciclaje.

Tráfico
Se enfadaba, sí se enfadaba viendo la cantidad de tiempo y energía que perdían los habitantes de las ciudades para llegar de un sitio a otro, especialmente para llegar hasta su trabajo y para volver de él a sus casas. Se enfadaba porque las ciudades habían nacido para hacer la vida más fácil y estos desplazamientos obligaban a la gente a correr, aumentaban su cansancio y su mal humor.

Urbanología
La primera cátedra de urbanismo en la universidad española fue de urbanología y la fundó el profesor Cort en la facultad de Arquitectura de Madrid. La urbanología no solo se ocupaba del sistema de planificación, construcción y organización de los edificios y los servicios de una población; también pensaba en el común bienestar de sus habitantes, del físico y del espiritual.

Vida
Nadie ha escrito una biografía completa de César Cort, quedan las anécdotas relatadas por algunos familiares, algunos documentos desperdigados, muy pocas imágenes recortes de prensa. Queda el recuerdo de un hombre culto, discutidor, terco, tenaz, exigente, cristiano, monárquico, enemigo de las ideas socialistas, empresario de éxito, convencido de que las tres principales virtudes del ser humano son la honestidad, la decisión y la inteligencia.

Wólfran
Fue en Fontao, en Galicia, en las minas de Wólfran, donde César Cort abandonó prácticamente su carrera como arquitecto y urbanista y se convirtió en empresario. Eran los años cuarenta del siglo XX.

Xenofilia
Cort buscó inspiración en urbanistas alemanes, franceses e ingleses de la época, y en ejemplos de cualquier parte del mundo y de cualquier momento histórico, era un xenófilo convencido; pero reprochaba a los españoles su afición a copiar cualquier novedad del extranjero sin pararse a pensar si el ejemplo era bueno para nuestro país.

Yebes
El conde Yebes, el conde de Romanones, Julio Camba, el escritor, fueron amigos suyos.

Zoning
En español: zonificación. Zonificar es legislar para poner orden en las ciudades: decidir qué uso se va a dar los solares (comercial, residencial, servicios); qué parte de la ciudad puede estar construida y qué parte libre; limitar la altura de los edificios dependiendo de la calle.
Edward Bassett fue el padre del zoning, lo pensó para N.Y. a principios del siglo XX. César Cort defendía el zoning, y, al final de su vida, llegó a redactar un Código de urbanización que recogía doce normas con las que poner fin al desorden, los abusos, el mal gusto y la especulación.

AQUÍ HAY LIBROS es una sección de este blog dedicada a presentar libros que están al alcance de la mano en las estanterías de la biblioteca de La CALA.


De lo que es la sombra. Tratado de la pintura de Leonardo da Vinci. (Aquí hay libros)

De lo que es la sombra.
Tratado de la pintura de Leonardo da Vinci.

Aquí hay libros.

Grassa Toro


Leonardo da Vinci nunca dio a la imprenta un libro titulado Tratado de la pintura y, sin embargo, es su libro, un libro hecho y vuelto a hacer por amigos, eruditos, editores que durante cuatro siglos encuentran, agrupan, ordenan y dan sentido a materiales dispersos en los que Leonardo se ocupa de cuantos temas relativos al arte de pintar podamos pensar, con una amplitud de miras (sí, de miras) de la que puede dar cuenta esta selección de epígrafes entresacados del índice: Argumentación del poeta contra el pintor. De si es mejor dibujar en compañía o no. Evita los perfiles, es decir los límites bruscos de las cosas. De los colores reflejados por la carne. De la belleza de los rostros. De dónde nace el azul del aire. Del movimiento causado por la destrucción del equilibrio. Del fingir un lugar selvático. De por qué las cosas se ven menos cuanto más se alejan de la vista. Del viento pintado. De lo que es la sombra.

Cincuenta láminas en negro, treinta y ocho en sepia, cuatro en colores y cientos de viñetas calcadas sobre croquis de Leonardo nos permiten ver lo que leemos. Giorgio Vasari firma una vida de Leonardo y el poeta Paul Valéry discurre sobre “Leonardo y los filósofos”.

Dice Paul Valéry: “La belleza es una especie de muerta. La han suplantado la novedad, la intensidad, la extrañeza; en suma, todos los valores de choque. La excitación en bruto es dueña soberana de las almas recientes; y las obras tienen por función actual arrancarnos del estado contemplativo, de la felicidad estática cuya imagen estaba en otro tiempo íntimamente unida a la idea general de lo Bello.”

Aún no ha empezado la contemplación del libro cuando el editor, de la mano de Valéry nos invita a situarnos, a reconocernos en un lado u otro. Y no solo en lo referido a las distancias entre la perfección y la originalidad, también en las distintas maneras de enfrentar la realidad que ofrecen la filosofía y el arte. Continúa Valéry: “Mientras que para el verdadero filósofo el límite que hay que alcanzar y el objeto que hay que encontrar al final de las excursiones y operaciones del espíritu es lo que es, el artista se propaga en la posibilidad y se hace agente de lo que será.”

Reflexión que recuerda a la de la escritora española María Zambrano: “La cosa del poeta no es jamás la cosa conceptual del pensamiento, sino la complejísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás. Quiere la realidad, pero la realidad poética no es solo la que hay, la que es; sino la que no es; abarca el ser y el no ser en admirable justicia caritativa, pues todo, todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás.” Y concluye: “El poeta no le teme a la nada”.

Leonardo no le temió a la nada.

Hay algunos libros de María Zambrano en la biblioteca de la CALA, ediciones de bolsillo que no se parecen en lo formal a la lujosa edición de este Tratado de la pintura, una edición que estuvo al cuidado de Teodoro Becu, Pedro Henríquez Ureña y Attilio Rossi, que trabajaron para la editorial Losada de Buenos Aires. El Dr. Ernesto Sábato se encargó de corregir los dibujos de las viñetas que había trazado G. Francesco de Rossi para la edición de 1817, publicada por Guglielmo Manzi en Roma.

El volumen se terminó de imprimir un veintitrés de diciembre de mil novecientos cuarenta y cuatro en los talleres de la Imprenta López, sita en el número 666 de la calle Perú en la ciudad de Buenos Aires. No es el único libro de esta biblioteca que tiene este pie de imprenta, la edición de 1944 de Pleamar, de Rafael Alberti y la de 1948 de A la pintura del mismo autor también salieron de ese número 666 de la calle Perú.

Canta Alberti en el poema que dedica a Leonardo en A la pintura: “Es la contemplación, es la obstinada / fijeza agotadora del detalle, / el minucioso análisis que lleva / más allá de los términos del éxtasis.” Vale decir algo parecido para los libros que producía la Imprenta López en aquellos años 40’ mientras en Europa olía a carne quemada, carne humana, real, la misma que enseñaba a dibujar Leonardo cuatro siglos antes buscando la belleza.

 

AQUÍ HAY LIBROS es una sección de este blog dedicada a presentar libros que están al alcance de la mano en las estanterías de la biblioteca de La CALA.