El París entra en imprenta

Grassa Toro

Así, El París, con ese artículo delante del nombre de una ciudad que tanta gente conoce, cree conocer o quiere conocer; con ese artículo donde no se acostumbra se escribe el título del primer volumen de Biblioteca La CALA.

El libro entra en imprenta esta semana, en la ciudad de Huesca, ocasión para redactar algunas notas de presentación, no muchas, no se trata de guiar lecturas, ni siquiera de enmarcarlas; se trata de eso, de presentar, algo así como: —¿os conocéis? —preguntó ella, más por invitar al encuentro que por saber.

En El París pasan cosas, en El París también. El primer lugar es un café; el segundo es una novela, en los dos pasan muchas cosas. Se suceden vertiginosamente unas a otras en el tiempo real de la acción y en el tiempo del recuerdo de los protagonistas: lo que cabe en una noche, poco más de lo que cuesta leer la novela.

En El París se viven muchas vidas; no siempre sabemos la de quién, pero se viven. En El París se acaba con algunas vidas; no siempre sabemos quiénes les ponen fin, pero se acaban. Ese no saber quién es importante: en El París y en El París no se trata de chercher la femme, ni siquiera al asesino.

El París no está escrita para que el lector ande sobresaltado, impaciente, apostando al placer en la vertiginosa carrera por descubrir qué va a pasar dos páginas más adelante. Ese placer dura poco, desaparece a la misma velocidad que llega.

Es otro placer el que propone El París, el de preguntarse constantemente qué está pasando y, más allá del reconocimiento de hechos, emociones y sentimientos, preguntarse: por qué está pasando.

El París es un universo, la representación de un universo en tres escenarios cerrados, cotidianos, y es también el lenguaje que construye ese universo, un lenguaje capaz de construir un relato que será capaz de construir una realidad que será capaz de construir una vida, muchas vidas.

El París es el primer título de Biblioteca La CALA.