El día en que me enteré por Interviu de que Fraga Iribarne no era marica

Grassa Toro

Propongo un experimento sencillo para el que conviene evitar cualquier preámbulo. Imagine que sobre una mesa cercana hay unos cuantos ejemplares de la revista Interviu, fechados entre octubre de 1976 y junio de 1977, cuando la cabecera todavía no se escribía con tilde, y usted se decide a abrirlos.

Es probable que la vista se le vaya hacia algunos destacados mientras pasa las hojas, o quizás, identificado algún contenido en portada, va directamente a buscarlo y a leerlo con detenimiento. El caso es que, aún sin dedicar mucho tiempo y esfuerzo, es posible que acabe leyendo frases como estás que copio aquí, anotando el nº, la fecha de la publicación y la ocupación de cada uno de los entrevistados en ese momento.

“En mi casa manda mi mujer, como es lógico, porque yo no soy marica. En mi casa mandó mi madre. En todas las familias decentes manda la mujer”. (22, octubre 1976). Dice la frase Manuel Fraga Iribarne, exministro de Franco, fundador de Alianza Popular.
“No creo en la igualdad de los hombres, puesto que unos son geniales y otros subnormales; unos enfermizos y otros robustos”. (26, noviembre 1976) Dice Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, exministro de Franco, fundador de Alianza Popular.

“El Parlamento es un elemento fundamental. A partir de él, con una participación masiva de la población en la lucha por el socialismo -una participación no violenta ni antidemocrática-, se puede llegar a la sociedad sin clases”. (30, diciembre 76) Dice López Raimundo, Secretario General del Partido Comunista de Cataluña.

“Entré en ETA porque para muchos jóvenes vascos fue en aquellos sesenta la única manera de oponernos a la situación injusta que reinaba. Todo lo que era vasco estaba de algún modo prohibido, reprimido. Nuestra lengua, nuestras tradiciones, nuestra cultura estaban discriminadas”. (30, diciembre 1976). Dice José María Eskubi, exdirigente de ETA.

 

Esto es lo que leían, miles, centenas de miles de españoles y españolas en su casa, en el casino del pueblo, en el bar y en la peluquería mientras esperaban su turno, o ya con el pelo cortado.

Sigamos leyendo.

“Frente al término “integración”, que era el que tradicionalmente se usaba, nosotros propusimos el de “asimilación”, lo hicimos porque entendíamos que no debíamos aspirar a una incorporación pasiva carente de protagonismo, de la gente que venía de afuera. Integración en una comunidad que lleva diez siglos existiendo, que tiene sus derechos, y que aunque esté abierta no debe quedar dislocada, desvertebrada, destruida por un hecho social inmigratorio”. (33, diciembre 1976). Dice Jordi Pujol, banquero y líder de Convergencia Democrática de Catalunya.

“El divorcio me parece una aberración.” (34, enero 1977) Dice Laureano López Rodó, exministro de Franco, diputado por Convivencia catalana, en las primeras Cortes democráticas.

“Se está poniendo en marcha una estrategia de confusión mediante atentados que justifiquen, en su momento, un golpe de Estado o bien, como sucede ahora, la represión de militantes de izquierda.” (39, febrero 1977). Dice Sebastián Puigcerver, del comité de Catalunya de la CNT.

“Somos una nación; siempre hemos pactado con el Estado español y siempre nos hemos puesto de acuerdo. ¿Por qué no lo vamos a conseguir ahora?:” (42, marzo 1977). Dice Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Catalunya en el exilio.

Franco había muerto el 20 de noviembre de 1975; el referéndum para poner en marcha la reforma política obtuvo mayoría afirmativa en diciembre de 1976; las primeras elecciones generales democráticas se celebraron el 15 de junio de 1977. Todo lo que usted acaba de leer se publicó en un momento de la historia de España en el que ya no existía nominalmente una dictadura y todavía no existía una democracia.

Seguimos.

“La lucha armada, en lo que al partido se refiere, está decidida desde el primer día. En la línea política del partido está escrito que la violencia revolucionaria, la lucha armada y la guerra popular, era el único medio para derrotar al capitalismo y a la dictadura franquista en aquella época, y para implantar un régimen de democracia popular y de socialismo:” (40, febrero, 1977). Dice Elena Odena, nombre en la clandestinidad de la Secretaria General del PC (m-l) y del FRAP.

“Yo creo que Franco poseía lo que llamaríamos un complejo de castración.” (42, marzo 1977). Dice Carlos Castilla del Pino, psicoanalista, militante del partido comunista de España.

“20 de octubre de 1976. Hace un rato, mientras leía el último número de Vindicación, en el que entrevistan a varias mujeres familiares de presos políticos (por cierto, por qué no entrevistan a hombres familiares de presos políticos?), ha entrado en la celda X, ha mirado la revista y ha preguntado: “¿es feminista?”; “sí”, le he dicho y ha contestado marchándose: “la hemos jodido?”. Por fortuna para él, Lidia Falcón no andaba por aquí:” (45, marzo 1977). Dice Manuel Chivite, militante del FRAP y del PC (m-l) en su diario desde la cárcel.

“En estos momentos estamos viendo que para hacer unas elecciones hace falta muchísimo dinero, que hay que pedirlo… Y es lógico que al pedirlo… en fin, el que parte y reparte se queda con una parte. Y eso cada dos años, porque prácticamente hay elecciones cada dos años y da lugar a unas quiebras, a unas ataduras y a unos compromisos impresionantes.” (47, abril 1977). Dice Alfredo Sánchez Bella, exministro de Franco, miembro del Opus Dei.

 

He elegido para esta selección voces vivas que se expresaban en entrevistas (interviús, con tilde); pero si usted tuviera a mano los ejemplare que me acompañan mientras escribo estas líneas, podría seguir leyendo acerca de temas tan dispares como: los safaris sexuales por África; la batalla entre el socialismo de Tierno Galván y el de Felipe González; el aborto; las cárceles; la vida de Landrú, famoso asesino francés del principio del siglo XX; el divorcio; la China después de Mao; la corrupción inmobiliaria; las dictaduras de Latinoamérica; la escuela franquista; los bebés robados bajo la cobertura del Teléfono de la esperanza; los delirios de Idi Amin, etc.

Y también podría ver parcialmente o totalmente desnudas a: Janeth, Lenny, Sylvia Kristel, Maysa, Jacqueline Kennedy-Onassis, Silvia, Victoria Vera, Elsa Martinelli, Nadiuska, Marisa Mell, Susana Estrada, Ángela Molina, Marisol, Corinne, Françoise, Verónica Miriel, Bárbara Bouchet, Alicia Tomás, Christiana, Jay, Sydne Rome, Diana Polakov, Agata Lys, María José Cantudo, Yvonne Sentis, Dalila di Lazzaro, etc.

La revista apareció en los kioscos sin subtítulo, quizás porque resultara difícil definir en dos o tres palabras una publicación que se ocupaba de política, sucesos, sociedad y sexo. Si la combinación era inusitada, lo que la volvía definitivamente excepcional en la historia del periodismo español fue el hecho de presentar en portada e interior abundantes fotografías de mujeres desnudas.

En Interviu el lector encontraba entrevistas, reportajes, opinión y páginas de humor, un canon clásico para cualquier magazine. La diferencia no la marcaban los géneros, sino los contenidos, los que aparecían y los que no aparecían. Se escribía (o se hablaba) mucho de política nacional y de sus relaciones con el poder económico, se hacía con nombres y apellidos, señalando con un dedo que desvelaba y que podía llegar a acusar. La crónica social (que no de sociedad) se ocupaba de la vida de las clases oprimidas, marginadas, perseguidas: obreros, jornaleros, enfermos mentales, homosexuales, y apuntaba, todavía tímidamente, algunos temas que ocupaban monográficos en otras revistas de la época: ecología, feminismo, pacifismo, contracultura. En Interviu se hablaba poco o nada de arte, cultura y deporte.

Tampoco se ocupaba mucho de política internacional.

Imagino que costaba también identificar una línea política, ni siquiera ideológica, en una publicación en la que se expresaban en igualdad de condiciones personas que no solo discrepaban en sus ideas y en sus acciones, sino que en algunos temas se les podría adscribir al grupo de las víctimas o al de los verdugos; y en la que firmaban las páginas de opinión y humor, personas tan dispares como Manuel Vázquez Montalbán, Francisco Umbral, Adolfo Marsillach, Emilio Romero, Manuel Martín Ferrand, Julio Cebrián, Perich, Martín Morales, Forges. Esta amplitud tampoco era habitual.

Y para añadir argumentos a las diferencias con lo se que publicaba en aquel momento, tampoco tenía intención pedagógica. Interviu no quería que sus lectores fueran mejores personas, ni siquiera peores; quería hacer periodismo.

 

He leído por primera vez estas páginas pasados cuarenta años desde su publicación; anoto este dato para preservar los comentarios que voy a hacer a continuación de cualquier interpretación nostálgica.

Y es que leer ahora los primeros números de Interviu es emocionante. Emociona sentir que todo el mundo está diciendo lo que piensa, y no lo que cree que tiene que decir; emociona que es un ejercicio de comunicación como si no existiera la teoría de la comunicación. Interviu era una defensa (a tiros, diría Javier Errea) de la inocencia: todos sus protagonistas, desde la chica de portada, hasta el más feroz de los entrevistados, pasando por el columnista irreverente y el fotógrafo temerario, aparecían frente al lector exentos de culpa pasada por lo hecho, de culpa presente por lo que están diciendo o haciendo en ese momento y exentos de culpa futura por las repercusiones que pueda tener lo que dicen o hacen. Un estado semejante de inocencia trasmite algo muy parecido a la idea de libertad.

Además de emociones, leer hoy los primeros números de Interviu es acercarse a una gran fuente de información acerca de la historia política, social y económica reciente de este país; información útil, que ayuda a comprender nuestro presente quizás mejor que muchas de las informaciones que se nos ofrecen en directo. Sé que puede resultar extraño lo que estoy afirmando, y que los defensores de las “noticias de última hora”, quizás no estén de acuerdo. Solo puedo recomendar que, con algo de tiempo y la misma inocencia con la que se publicó Interviu, se acerquen a sus primeros números, seguro que encuentran más de una perla.

Yo las he encontrado, y es que si no fuera por Interviu, y por mi vecino Jesús, que guardó en un pueblo pequeño, en una caja grande, todos estos ejemplares que nos han servido para el experimento, no hubiera sabido nunca que Fraga no era marica, dato intrascendente donde los haya; pero tampoco hubiera conocido las ganas que tenía de contarlo en público a miles de lectores, y esta información sí explica algunas cosas de lo que estaba por llegar y llegó.

Esta entrada en el blog pertenece al proyecto expositivo Sin red. Modos de comunicación en la transición política española. Inauguración: 21 abril 2019.